Si bien es cierto que cada cien metros paraba para fumar un poco de orégano y que lo que creían serían sus reservas hasta la próxima cosecha duraron dos semanas, no menos cierto es que jamás retrocedió ante la adversidad y que se enfrentó gallardamente a su destino.
En veintitrés días exactamente consiguió recorrer los tres kilómetros y medio que separan la Comarca de Blackland, territorio de humanos y gente de peor calaña. Una vez allí lo primero que hizo fue recordar sus prioridades: comprar más orégano. Tras lo cual se dirigió a la taberna.
Tras beberse un par de litros de cerveza humana, de escasa calidad y baja graduación en comparación con la cerveza Guayan, pero con los que consiguió saciar su sed empezó a preguntarse como conseguiría escabullirse de aquel lugar, puesto que no le quedaba un solo Noth. Y entonces se percató de la mirada de un par de sujetos sospechosos. El primero era un negro de metro ochenta, que lo miraba insistentemente y susurraba “Mundo real, mundo real”, pero aún más inquietante era el negro enano de ojos turquesa que iba con él.
- ¡Oye tú, qué miras! ¿A ti no te ira el rollo homo?
- Te has percatado de mi presencia, veo que el Oráculo no se equivocó contigo. Eres el Elegido.
- Coño, pero si solo estáis vosotros dos, zampabollos. ¿Por qué me miráis? – preguntaba aún temiendo por su integridad sexual
- Hemos quedado aquí contigo, oh noble Sonny Guayan que viene de más allá de las tierras de Blackland, allí donde los confines de nuestro territorio se funden en la estepa, allí donde la Comarca empieza sus dominios, más allá de las Montañas del Egosexualismo, allende…
- Para, para. Lo he captado. ¿Y vosotros quien sois?- Yo soy Astruriorn, hijo de Bastardorn, hijo de Putirorn, hijo de Cabronorn, hijo de Maricorn, hijo de…
- Ya, vale, lo capto. ¿Y tu colega es el Mascachapas ese?
- Exacto, Mascachapas a secas.
- Un poquito siniestro tu colega ¿no?
- ¿Mascachapas?
- No, tu puta madre.
- No, mi madre no es siniestra, a lo más un poco mod.
- No, coño, Mascachapas.
- ¿Mascachapas?
- No entres en un puto bucle. Sí, Mascachapas.
- Yo no lo veo siniestro, un poco callado eso sí.
- Te comento un tema, no tiene boca.
- ¿No tiene boca?
- ¿No lo ves?
- Ya decía yo que hablaba poco el jodío…
- ¿Y cómo fuma?
- ¿Fuma?
- Coño, pues lleva un pipa…
- ¿Qué pasa no puede fumar? Ya estamos con las discriminaciones, como es negro, no puede fumar. Pues los negros también tenemos derecho a fumar.
- No puede fumar, carapan, porque no tiene boca.
- Ah bueno… Psé. No sé, no me importa. Yo aquí a lo que venía que para algo me pagan.
- Venga, desembucha.
- Oh noble Sonny Guayan, tengo un mensaje de Putiferia Guayante para ti. Dice así: Sé que la carga que he depositado sobre tus hombros es la más pesada carga que ha soportado jamás un Guayante, no en vano nos enfrentamos al fin de la eternidad, al Apocalipsis guayante, a la hecatombe de la Guaycidad, al más temible ocaso de los tiempos, al exterminio de toda la existencia, al más terrible de los destinos, a la noche de los tiempo, al fin de la eternidad… Bueno sigue así un rato, pero voy abreviando. Dado que te designé tan ardua tarea en un momento de irreflexión te daré una oportunidad aún de echarte atrás, en tu mano está la elección, dejó encargado a Asturiorn de los teje manejes del asunto y del trasunto, porque asuntos de extrema gravedad requieren mi atención. Atentamente: Putiferia Guayante de todas las Guayans, la Maga Gris.
- Muy bien, Asturiorn, pues aquí estamos. ¿Tú que dices?
- La elección es tuya pequeño Sonny. Recuerda que yo solo te ofrezco la realidad, nada más. Escoge, kalimotxo con coca cola o con pepsi, rojo o azul. Sigue con nosotros o vuelve a tu putrefacta realidad, a ese nido de mentiras, a ese lugar infecto de alimañas, como si de un vulgar bastardo de mierda te tratases y te hicieses merecedor de mil muertes malsanas por hijo de las mil putas. Yo no quiero influir en tu decisión, eres completamente libre de partir, y lo comprenderíamos, o de quedarte y guiarnos hacía la luz convirtiéndote en el gran héroe que todos sabemos que eres, en el elegido, en aquel del que hablan las Sagradas Profecías, en el que nos guiará hacia un nuevo amanecer...
- Vale, ya, basta. Como comes tú la oreja ¿no? Un Guayan siempre bebe kalimotxo con coca cola, ¿crees acaso que un Guayan se atrevería a beber ese asqueroso bebedizo? Por el amor de Guayan, debería arrancarte la piel a tiras solo por proponerlo.
- Bien, pues entonces raudo, pequeño Sonny, aún debemos pasar por Delfos a ver el Oráculo
- ¿Qué Delfos, ni qué Delfos? El Abismo de la Guaycidad, ese es mi destino.
- Oh, mi joven Guayante, cuán impaciente volviéndote estás, mi misión llevarte a Delfos será.
- Pero, ¿qué se nos ha perdido en Delfos? ¿Y qué te ha pasado en la boquita?
- Lo que perdimos será hallado, lo hallado será encontrado, lo encontrado y hallado, bien hallado y bien encontrado serán.
- ¿No podías ser tú el que no tenías boca, Asturiorn? En fin, vamos carapapa, antes de que me arrepientas. Paga la ronda.
Y así, preparados y raudos Sonny Guayan y sus nuevos compañeros partieron en pos de las aventura, hacia Delfos, donde conocerían su destino.
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