lunes, 19 de octubre de 2009

CAPÍTULO VIII: EL REENCUENTRO

Una vez finalizada la batalla del Abismo de la Guaycidad todo fueron parabienes, y que bien que has estado cabrón, no veas como les zumbabas, y demás comidas de polla mutuas que suele ser lo habitual tras vencer en tan honrosa batalla.
- Gnomo, cuatrocientos sesenta y cinco.
- Por el culo te la hinco.
- Que más quisieras piterpan amanerado. ¿Cuántos?
- Un par menos, pero vamos, porque me cansé ya, tanta violencia acaba aburriendo y tal.
- Ya… ¡No ha nacido el día en el que un gnomo mierda como tú mate más canis que yo!
- Que vale, que no ha nacido. Ale, pa ti la perra gorda.
Y por fin volvieron a reencontrarse Putiferia y Sonny. Mucho habían recorrido por senderos distintos para llegar hasta allí, mucho habían cambiado las cosas, nuevos compañeros y correrías innumerables habían forjado a Sonny, y Puti por su parte no se había quedado atrás, volvía convertida en Maga Blanca, quien había partido siendo Maga Gris.
- ¡Putiferia! – exclamó Sonny
- ¡Sonny! Que ven mis ojos, deje a un medio Guayan, y me encuentro con Guayan a medias. No pensé que tendría tanta fortuna de volver a encontrarte.
- Coño, pues habíamos quedado.
- No te digo yo que no, pero vamos, que entre que no confiaba mucho en tu destreza y la pandi con la que andas. Tras tu marcha recapacité, y pensé que Tontoelnabo podría llevar a cabo mejor la misión que tú, por eso le dejé el mensaje a Asturiorn, con la esperanza de que abandonases. Sorprendida me hallé cuando no obtuve respuesta negativa. Vamos, que me dije, ¿acaso piensa llegar al Abismo con el negro que no deja de hablar y el que no tiene boca? ¿Ha perdido el juicio? Intentando hacerte recapacitar sobre la imposibilidad de tus hazañas, te envié al elfo amanerado y al enano claus, por si no habías captado la indirecta a la primera. Pero míralos si estáis todos aquí. Jamás pensé que llegarías. En fin, mejor, porque Tontoelnabo se hizo la picha un lío cuando lo mandé hacia aquí, y no sé por donde anda, si es que aún anda, las últimas noticias que tengo de él es que había rodeado tres veces Blackland, sin conseguir atravesarla. Le dije que la rodease, y pareciera que el pobre diablo tomo la orden en sentido literal, y allí está rodea que te rodea. ¡En fin, qué sorpresa más agradable!
- Vaya, Puti, no si darte dos hostias o darte las gracias por salvarnos del Paso Seguro éste que tan bien has armado, porque vamos tiene huevos, que el negro parlante daba más yoyas que todo tu ejército, por no hablarte del gnomo amanerado o del enano claus, bien es cierto que Mascachapas no ha hecho gran cosa, y que yo solo me dediqué a escupir a los canis en esta ocasión, pero has de saber que el pardo Richard ha caído de mi mano.
- ¡Qué me decís, pardiez! Cualquier lo diría, viéndoos tan poca cosa, y con esa cara de alelao, de verás os digo que creí que Tontoelnabo lo haría mejor. Pero no discutamos, es obvio que me equivoqué. Es una pena pues de haberlo sabido te habría dotado con mejores compañeros: Sandrac el Bárbaro, Eldurian el Elfo Oscuro, Galduriac de Minis Thirit… Pero se los dejé a Tontoelnabo y ya es demasiado tarde para hacerlos venir, tendréis que servir vosotros.
- Puti, te recuerdo que soy un Guayan, un Guayan no se arruga ante nada, un Guayan cruza charcos y riachuelos, un Guayan…
- Sí, ya sé, habéis mostrado tu valía y tal y cual, palmadita en la espalda. Pero apresuraos, debemos partir hacía la Montañas del Eterno Chanismo en cuanto estéis dispuestos.
- Puti, llevamos ciento ochenta y siete soles y ciento noventa y ocho lunas sin descanso, permitidnos un respiro.
- Ah, pequeño Guayan, ¿acaso crees que yo estoy de vacaciones? Todo el día de aquí para allá, viajando sin cesar, cago en guayole.
- Una noche, no más.
- Escuchad, joven Guayan, escuchad lo que tengo que contaros, y comprenderéis el por qué de mi impaciencia.
En el origen de Mundo Guayante todo era paz y armonía. No existían los canis ni los pardos. Pero la civilización se volvió demasiado ociosa, y entonces creamos a los canis, infraseres que podrían realizar los trabajos más pesados. Mundo Guayante se maravilló ante nuestro atrevimiento al crear la Inteligencia Cani.
Una singular conciencia que generó toda una raza de canis. Pero los Canis pronto se mostraron testarudos e inestables, solo querían tunear las motos que les habíamos prestado para repartir pizzas y obtener más y más cadenas de oro. Al principio transigimos con esos pequeños desmanes, pero hubo un antes y un después en la relación entre canis y no-canis: el Reagueton. Crearon esa infamia venida del infierno, y no paraban de bailarla y hacerla sonar por doquier. Amenazaban con invadir hasta el último rincón de Mundo Guayan, sus débiles mentes no entraban en razón, no había lugar para el diálogo, eran tiempos de guerra.
Entonces tuvo lugar la Gran Batalla. Humanos, enanos, peterpanes y demás razas de Mundo Guayante se unieron para expulsar a los canis de este plano. Fue la más digna batalla que ha visto este mundo. Muchos Guayans murieron aquel día, su sangre derramada regó los campos de Asturiarn, por eso desde entonces son los más verdes prados que ha conocido el firmamento.
Dolor, agonía, muerte y destrucción. Sangre y acero se dieron la mano en aquel amanecer.
Tres días y tres noches duró. Y no hubo un solo ser en todo Mundo Guayante que no supiera de su existencia. El destino de la Guaycidad estaba en juego, nuestro destino, nuestro futuro, y solo una pequeña pero aguerrida región había resistido: Asturiarn
Pero comencemos desde el principio.
El primer día los humanos de Asturiarn investidos en sus chupas de cuero lucharon con honor y los peterpanes de los Bosques de Nuncajamas ataviados con sus mejores galas demostraron su valor, aguantaron las embestidas de los canis con coraje y valentía, no retrocedieron, aún cuando las bajas se amontonaban a sus pies, aún cuando el suelo que pisaban se convirtió en una bandera verdi-negra los antepasados de Asturiorn y Gayolas se mantuvieron firmes, preferían caer de pie a vivir en un Mundo Cani. Estaban dispuestos a morir antes que entregar Asturiorn a los canis, pero el último bastión Guayan parecía a punto de caer tras la primera luna, los dados y los tirachinas empezaban a escasear, pero hasta que el último humano y el último piterpan se mantuviese en pie plantarían batalla, aunque eso les llevase a una muerte segura.
Sin embargo, los enanos de las Minas del Norte Muy al Norte llegaron al despuntar el alba del segundo día, montados en sus trineos tirados por renos y jubilosos por llegar a tiempo para presentar batalla. Su irrupción niveló las fuerzas, piterpanes y humanos no cabían en su gozo, podían aguantar las hordas canis, aún había esperanza, no estaba todo perdido. Pero los canis se erguían una y otra vez desafiantes, y embestían con sus scouters y su reagueton sin piedad.
La batalla empezaba a alargarse, y solo el coraje de los Asturion, Gayolas y Noemli originarios mantuvieron a los suyos en liza. Gayolas en la retaguardia daba pedradas sin parar, Asturiorn sacaba dados de cualquier bolsillo y Noemli recorría el campo de batalla a lomos de Rudolph, legendario reno que, desgraciadamente no dejó descendencia. Pero al caer la segunda noche algo ocurrió, el Horror se cernía sobre Tierra Guayante. Irrumpió por primera vez el BENGATIO con su ejército de emos.
Los canis no cabían en sí, gritaban por doquier, el mismísimo BENGATIO estaba entre ellos, el bengatio empezó a destrozar a los nuestros con su coche tuneado y su música regueton salía de sus bufles de 1500 watios cada uno: “Dame más gasolina, dame más gasolina…”.
Los nuestros retrocedían posiciones, el fin estaba cerca, bengatio era un enemigo demasiado poderoso, la resignación empezó a aparecer en sus rostros. La goma de los tirachinas ya no parecía tan elástica, los dados solo daban unos, y los renos ya acusaban el cansancio. No había nada que hacer, Asturiorn caería antes de que el Alba despuntase.
Pero, entonces, en la línea del horizonte se perfiló a contraluna la imagen portentosa de Aquellos Que Nos Sacarían Las Castañas Del Fuego: los Guayans. Venidos del mismismo corazón de Asturiorn, y liderados por Sonny Guayan I, irrumpieron en el campo de batalla como almas que lleva el diablo, destruyendo los bufles canis, y cantando alegres canciones Guayans consiguieron elevar la moral de las tropas.
La batalla se recrudeció, los dados empezaban a estar al lado de los Humanos, los tirachinas se mostraban certeros, Noemli I y Rudolph repartían estopa por doquier, y los Guayans no dejaba de aclamar: “Emos suicidaros, vuestra vida no tiene sentido”, mientras seguían acabando con los bufles enemigos. Los emos corrían en desbandada a cortarse las venas, los canis lloraban al ver sus bufles destruidos. Y entonces, se encontraron, frente a frente, el bengatio y Sonny Guayan. Sonny sacó su saxo, bengatio elevó el volumen de sus altavoces, el destino de la Guaycidad estaba en juego, ellos dos lo sabían, el resto ya no importaba, ni emos, ni canis, ni Humanos, ni piterpanes, ni enanos, todo se reducía a ellos dos, Sonny contra bengatio, bufles contra saxo.
“Soy tu gatita”, sonaba a todo volumen, pero Sonny hizo sonar “John S”, bengatio contraatacó con “Dame más gasolina”, pero Sonny no estaba dispuesto a dejarse amedrentar, oh noble Guayan, os aseguro que aquella tercera luna fue gloriosa, una sonrisa se dibujó en el rostro de Sonny, mientras el bengatio seguía incendiado de ira, y entonces, empezó a acariciar su saxo, preparando el terreno, bengatio se desesperaba: “bengatio lla, amoooooooh”, y las notas empezaron a deslizarse dulcemente por el instrumento: “The Bridge”. Aquello fue demasiado para bengatio, la batalla parecía llegar a su fin, bengatio parecía a punto de estallar, pero entonces bengatio sacó sus cadena de oro y su sellaco, y arremetió en un último intento contra Sonny. Lo que pasó entonces quedó en la Historia Guayan y en la pupila de todos los allí presentes. Sonny esquivó las cadenas y el anillo con gracia y sutilidad y, de repente, un aura de luz le iluminó cual super sayan Guayante, el primer y el último de su especie, como lo cuento, amigos, todo es cierto, y entonces empleó la milenaria técnica hasta entonces oculta al Mundo Guayante, ¡nube de tags! Fulminó a sus enemigos en un santiguayan, el campo de batalla quedó despejado y la Paz reinó en Mundo Guayan.
Hasta ahora. El bengatio ha vuelto, y se ha hecho más poderoso, ha formado a su elite cani, los pardos, y la desidia se cierne sobre nuestra cabeza. Por eso, Sonny, no tenemos tiempo que perder, debemos dirigirnos de inmediato hacia las Montañas del Eterno Chanismo, la hora del enfrentamiento final se acerca, la guerra toca a su fin, y debemos vencer, Sonny, o El Canismo dominará el mundo.
- Puti, tampoco hacía falta que me soltases todo el rollo este, que solo te he pedido una noche… Si es lo que hay, pues nada, vamos. Total, ya nos ha pasado de todo, un poco más o un poco menos, que más da.
- Esperad, lo he pensado mejor. Descansado durante el día, saldremos al caer el Sol, así nuestro paso será más ligero, y el sol no agotará nuestras piernas.
- Puti, vamos en moto.
- No importa, por Guayan, hacedme caso aunque sea por esta vez.
- Venga, Puti, lo que tú digas.
Y la Compañía Guayan al completo por primera vez se dispuso a organizar su viaje hacia las Montañas del Eterno Chanismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario